Giro geopolítico: la reunión Trump–Xi revela que China ya ha ganado
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Sabemos que estamos viviendo (malviviendo) una crisis. Europa se enfrenta a un problema que no tiene un solo origen. Alemania atraviesa la peor crisis industrial en una generación, Francia multiplica sus déficits sin freno y Reino Unido paga el precio de haber convertido su economía en una máquina de intereses. Cada uno lidia con su propio desequilibrio, aunque el resultado es el mismo.
Sabemos que estamos viviendo (malviviendo) una crisis. Europa se enfrenta a un problema que no tiene un solo origen. Alemania atraviesa la peor crisis industrial en una generación, Francia multiplica sus déficits sin freno y Reino Unido paga el precio de haber convertido su economía en una máquina de intereses. Cada uno lidia con su propio desequilibrio, aunque el resultado es el mismo.
Europa produce menos, gasta más y depende cada vez más del crédito.
En Alemania, el orgullo de su modelo exportador se resquebraja. Las fábricas que hicieron del país la locomotora europea viven tiempos difíciles.
Francia vive un escenario distinto, pero más inquietante. El país gasta más de lo que produce.
La economía británica ya no se apoya en la industria ni en el consumo, sino en la capacidad de su sistema financiero para atraer capital extranjero.
Alemania, Francia y Reino Unido representan tres modelos distintos del capitalismo europeo y los tres muestran síntomas de agotamiento. Uno se oxida por exceso de estructura, otro se endeuda por mantener su bienestar y el tercero se financia para no perder valor. En conjunto, el continente se sostiene sobre una base cada vez más frágil. La competitividad de la economía europea flojea. Las crisis políticas de Francia y Alemania agravan los problemas de la maltrecha economía europea.
Y a eso se suma la inestabilidad de la política exterior alemana.
Lo que ocurre es que occidente lo apostó todo a destruir Rusia para saquear sus recursos como lo han hecho los últimos 500 años, (la última vez, Adolf Hitler, con el resultado que todos conocemos) pero no les salió…y no había plan B.
La Unión Europea aceptó comprar 750 000 millones de dólares en productos energéticos estadounidenses, principalmente gas natural licuado y energía nuclear, rechazar los adquiridos a mucho menor precio en Rusia, invertir 600 000 millones en la economía de Estados Unidos, abrir sus mercados al comercio con aranceles cero y obtener «grandes cantidades» de equipamiento militar del país norteamericano.
Con el aumento de esos gastos en un enfermizo escenario de guerra contra Rusia para lo cual los millonarios dirigentes de Europa Occidental utilizan al régimen ucraniano, los perjudicados serán los habitantes de esas naciones que verán recortados en grado sumo los gastos públicos y los beneficios sociales.
Reino Unido, Francia y Alemania que lideran la llamada “Coalición de países voluntarios” pretenden resolver sus respectivas crisis económicas desatando una guerra generalizada contra la Federación Rusa para desmembrarla, (como antes en Yugoslavia) anular su capacidad nuclear y hacerse con las inmensas riquezas naturales que contiene el país más grande del mundo, para lo que necesitan de forma previa transformar los presupuestos sociales en presupuesto de guerra, en perjuicio de los intereses de la mayoría social.
La Unión Europea (UE) tiene un futuro indefinido e incierto por distintos factores. El más determinante se debe a las consecuencias de la guerra en Ucrania.

