Leopoldo II de Bélgica: el rey asesino
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Leopoldo II de Bélgica fue uno de los monarcas más despiadados de la historia. Convirtió el Congo en su propiedad personal, saqueando sus recursos y desatando una ola de violencia, esclavitud y mutilaciones sin precedentes. Bajo su dominio, millones de africanos fueron torturados, asesinados o despojados de sus extremidades. En este documental histórico, te contamos cómo un rey europeo construyó su imperio sobre el terror y la sangre. Una historia real, oscura y devastadora que Europa prefirió olvidar.
Ofrecemos, para su detenida y atenta lectura, que bien merece la pena pese a la repugnancia que despierta su contenido, un documental que nos describe con abrumadores detalles la aventura colonial del llamado Congo Belga que, en resumen, fue una gigantesca finca trabajada por millones de esclavos y convertida en propiedad personal de su dueño y señor, Leopoldo II, que no se contentaba con darse el título de rey de los belgas, y la explotó incansable y cruelmente para extraer abundantes y diversas materias primas, desde el caucho al coltran, a base de explotar salvajemente a sus habitantes.
En aquella época no teníamos los medios audiovisuales disponibles hoy en día y los testimonios que documentan la explotación fueron aportados por algunos misioneros, exploradores y periodistas que se atrevieron a hablar y que, por eso mismo, resultaban difíciles de creer: por ejemplo, hablaban de familias enteras masacradas por no cumplir con la cuota de producción de caucho que se les exigía para que don Leopoldo se llenara sus bolsillos en ajustados cambalaches con las empresas extractoras aprovechonas.
Se difundieron algunos testimonios escribiendo cartas, redactando informes, describiendo pueblos arrasados, cementerios improvisados en los caminos… pero la voz de los testigos era débil. Leopoldo tenía el control total de la propaganda: pagaba a periodistas, financiaba publicaciones, desacreditaba a los críticos y, mientras tanto, él seguía vendiendo su imagen de rey ilustrado, de gran civilizador.
La verdad, por supuesto, quedaba enterrada.
Lean atentamente la transcripción del documental para no perder ni una palabra de las que tanto utilizamos en la actualidad para contar los genocidios contemporáneos y tomen buena nota de la línea continua que marcan el imperialismo y el colonialismo en lo que se refiere al saqueo de los recursos de nuestro disputado mundo, apoyando su implacable rapiña en el odio, la violencia, el terror y la sangre.
El rey Leopoldo dejó marcada una indeleble impronta.

