3-Autoconciencia

Autoconciencia

No figura en el Diccionario filosófico marxista · 1946

No figura en el Diccionario filosófico abreviado · 1959

Diccionario filosófico · 1965:30-31

Separación que hace el hombre de sí mismo respecto al mundo objetivo,
toma de conciencia de su relación con el mundo, de su propio ser como
persona, de su conducta, de sus actos, pensamientos y sentimientos, de
sus deseos e intereses. El animal es idéntico a su actividad vital;
sólo en virtud de su presencia modifica la naturaleza, es decir se
relaciona con ella de manera inmediata. En cambio, el hombre se
relaciona con la naturaleza de manera mediata, a través de su quehacer
social y ante todo mediante el empleo de instrumentos de trabajo.
Gracias al trabajo se separa de la conexión natural: en el proceso del
trabajo relaciona sus fines y objetivos con el material de la
naturaleza y tiene en cuenta sus propias posibilidades. Al modificar
la naturaleza, se modifica a sí mismo. El hombre, al crear productos
en el proceso del trabajo, en cierto modo se desdobla y en el objeto
de su actividad contempla la obra de sus manos. Se diferencia a sí
mismo como agente respecto a los objetos de su hacer. Pero, como
quiera que el trabajo siempre posee un carácter social, el hombre
empieza a adquirir conciencia de sí mismo como hombre, como partícula,
como célula del sistema histórico dado, únicamente al relacionarse con
otro hombre como con su semejante, al ver en otro al hombre. En la
formación de la autoconciencia, desempeña un importante papel el
lenguaje, ya que éste constituye la realidad inmediata del pensamiento
y aparece en esta función para cada individuo sólo porque existe para
otros. La autoconciencia (como afianzamiento, garantía), surge al
mismo tiempo que la conciencia como derivada de ella, pero se
manifiesta en un estadio sensiblemente más elevado del desarrollo de
la humanidad. En un principio, el hombre se diferencia del objeto,
adquiere conciencia del objeto de su actividad y de sí mismo como
sujeto, únicamente de manera directa, en el proceso del hacer práctico
con las cosas. Luego, la autoconciencia aparece como gentilicia, como
colectiva: el hombre aún se halla plenamente absorbido por la gens,
que se presenta como portadora y centro de la esencia humana. Al
hundirse el régimen gentilicio, al aparecer la civilización y al
separarse el individuo como tal, surge propiamente la autoconciencia
de la persona. En la historia de la filosofía, la autoconciencia ha
sido concebida como principio agente, y con esto a menudo se agotaba
la comprensión de la actividad práctica del hombre (Fichte, Hegel,
jóvenes hegelianos). No pocas veces se entendía la autoconciencia
como principio creador respecto al mundo objetivo. En realidad, la
autoconciencia, que es un principio activo, sólo puede comprenderse
como resultado y como faceta de la actividad práctica del hombre en la
esfera de la producción social, depende del reflejo del mundo objetivo
y está condicionada por este último.

Diccionario marxista de filosofía · 1971:24-25

Autorreconocimiento por el hombre de su propia personalidad, el tener
conciencia de sus capacidades para tomar decisiones individuales y,
sobre esa base, para entrar en relación con los demás hombres y con la
naturaleza, para hacerse responsable por las decisiones y actos que
realiza. La autoconciencia es uno de los peldaños en la formación de
la conciencia del hombre. En esto desempeña un papel decisivo su
actividad transformadora que le permite desarticular gradualmente la
naturaleza visible (el medio en que vive) en las distintas cosas y
fenómenos, separar las cosas útiles y necesarias de las inservibles y
dañinas y captar sus nexos causales. Para que el hombre pudiera
diferenciarse de la naturaleza fue necesario que dominase sobre ella,
que utilizara conscientemente, en sus propios fines, las leyes
naturales, y que superara su dependencia directa respecto del medio
exterior. Durante un período prolongado el hombre primitivo no sólo
no estuvo en posibilidad de diferenciarse de la naturaleza, sino ni
siquiera del propio grupo: la imperfección de sus instrumentos de
trabajo exigía de él esfuerzos conjuntos eficaces en todas las esferas
de la actividad, pues estaba vinculado en forma directa, física, al
colectivo. El desarrollo de la técnica, el sometimiento gradual de
las fuerzas de la naturaleza y el descubrimiento de nuevas fuentes de
energía modifican el carácter de las acciones colectivas como
resultado de la división del trabajo. Este se convierte más y más en
un trabajo profesional, individual, aun cuando sigue revistiendo
carácter social, es decir, forma parte del sistema de la producción
social como uno de sus eslabones. A partir de entonces el hombre
empieza a considerar el trabajo como su trabajo individual, como su
propia acción. Se distingue así de los demás hombres, tiene
conciencia de su “Yo”, de su individualidad física y espiritual.
Comienza entonces a relacionarse con el mundo exterior y la sociedad
como personalidad determinada, le es propia ya la autoconciencia de su
responsabilidad por estas relaciones. Nace así la autoconciencia. La
formación de la autoconciencia es no sólo característica para un
individuo determinado, sino también para una nación y para cada clase
social. Se puede hablar de que ha madurado la autoconciencia de clase
cuando una u otra clase eleva tanto su conciencia clasista que es
capaz de reconocerse a sí misma, cuando tiene conciencia de sus
intereses, de su política y relaciones con las demás clases y crea su
propio partido político. En la sociedad socialista la autoconciencia
refleja la combinación armoniosa de lo personal y lo social (Individuo
y sociedad. Colectivismo).

Diccionario de filosofía · 1984:29-30

Separación por el hombre de sí mismo del mundo objetivo,
concientización y valoración de su propia relación con el mundo,
apreciación de sí mismo como personalidad, de sus propias acciones,
pensamientos y sentimientos, deseos e intereses. El animal es
idéntico a su actividad vital y cambia la naturaleza sólo en virtud de
que está presente en ella, es decir, tiene una relación directa con
ella. En cambio, el hombre mediatiza su relación con la naturaleza
por la práctica social y, ante todo, por la utilización de los
instrumentos de trabajo. Gracias al trabajo, el hombre se disgrega de
la conexión natural directa. Al cambiar la naturaleza, cambia el
hombre mismo. Al crear productos en el proceso de trabajo, el hombre,
diríase, se duplica y contempla en el objeto de su actividad la obra
de sus manos. Se distingue a sí mismo como artífice y a los objetos
de su actividad. Mas por cuanto el trabajo siempre reviste un
carácter social, el hombre empieza a tomar conciencia de sí mismo como
miembro de un sistema histórico dado, tan sólo relacionándose con otro
hombre como con su semejante. El lenguaje desempeña un importante
papel en la formación de la autoconciencia. La autoconciencia (como
dote) surge simultáneamente con la conciencia y como una derivación de
esta última, pero se manifiesta en una etapa mucho más alta del
desarrollo de la humanidad. Al comienzo, el hombre se distingue a sí
mismo del objeto. Más tarde la autoconciencia se manifiesta como
gentilicia, colectiva: el hombre aún está absorbido por la gens,
portadora y médula de la esencia humana. Con la destrucción del
régimen gentilicio, la aparición de la civilización y el aislamiento
del individuo, surge la autoconciencia propia de la personalidad. La
autoconciencia constituía un principio activo en la historia de la
filosofía, y con ello se agotaba a menudo la comprensión de la
actividad práctica del hombre (Fichte, Hegel, jóvenes hegelianos).
Cabe decir que a menudo la autoconciencia se consideraba como
principio que crea el mundo objetivo mismo. En realidad, la
autoconciencia, siendo un principio activo, puede ser comprendida en
grado decisivo sólo como resultado de la actividad socio-productiva
práctica del hombre.

Comparte este artículo