Amarcord: Yo me acuerdo

Un largometraje de Fellini sobre la Italia de la década de los 30 del pasado siglo, en un contexto de ascenso y auge del fascismo.

Amarcord: Yo me acuerdo.

Tras la Marcha sobre Roma, entre el 27 y el 29 de octubre de 1922, Benito Mussolini toma el poder en Italia. El rey Víctor Manuel III, en fechas anteriores, había rechazado declarar el estado de sitio en esta ciudad y hacer frente a la avalancha violenta de los escuadrones de las camisas negras. Por contra, el 29 de octubre, el monarca accede a que Mussolini forme gobierno y ocupe el puesto de Primer Ministro. En diciembre del mismo año disuelve el Parlamento y Mussolini asume el mando supremo del estado italiano.

El dictador muere el 28 de abril de 1945 a poco del término de la segunda guerra mundial.  Capturado el día anterior, es ejecutado por un grupo de partisanos junto a su amante Petacci de forma sumaria, dos días antes del suicidio de Adolf Hitler.

Amarcord es una película del año 1973 dirigida por Federico Fellini. En la filmografía de este gran director encontramos títulos inolvidables: La dolce vita, La Strada y Las noches de Cabiria. Fue  guionista en «Roma, ciudad abierta», dirigida por Roberto Ressellini, obra maestra del neorrealismo italiano.

El largometraje –óscar a la mejor película de habla no inglesa en 1974-  es una historia que se desarrolla en la Italia de la década de los 30 del pasado siglo, en un contexto de ascenso y auge del fascismo. Un magnifico relato onírico, de carácter autobiográfico, en la ciudad ficticia de Borgo, que en realidad es Rímini, en la que nace el director de la cinta, un pueblo de la región de Emilia-Romaña al nordeste de Italia,  frente al mar Adriático.

Un conjunto de recuerdos de infancia que recorre las cuatro estaciones del año,  por donde desfilan personajes únicos y entrañables que hacen frente, como pueden, a la diaria hostilidad de la dictadura, y que nos retrotrae a los espectadores de más edad a la vida rural de la España sometida al franquismo y de la que se hizo eco Berlanga en su filmografía.

Fellini se vale de profesionales de enorme valía. Tonino Guerra como guionista, Giuseppe Rotuno en la fotografía, con un color alejado de estridencia que evoca acontecimientos antiguos, y la música, excelente y nostálgica, a cargo del compositor Nino Rota.

En cambio, los actores que intervienen en Amarcord no son profesionales, a lo sumo, semiprofesionales, tal vez porque Fellini deseaba darle a la cinta naturalidad y realismo. Aunque en realidad no hay actores porque es un film sobre todo coral, que carece de una línea argumental concreta. Un conjunto de escenas cotidianas, expuestas con ironía, sobre temas tales como la familia, la educación, las fiestas populares, el sexo, la religión, el fascismo, el funeral, la enfermedad mental, la vejez… Un mosaico de estampas carentes de ilación narrativa que se muestran con nostalgia y tono agridulce, de episodios individuales entremezclados con otros de tipo colectivo, en el que se dan cita, entre otros, un padre comunista, un ama de casa dispositiva, un abuelo con síntomas de demencia senil, una ninfómana, una estanquera de busto muy definido, adolescentes traviesos, músico ciego y un profesorado de antaño.

Destacan escenas como la llegada de la primavera (m. 7) con el encendido de una hoguera, la que nos muestra la peculiar docencia y las aulas de aquella época (m. 14), la  del sacramento de la confesión (m. 34), habitual en la España de la dictadura, la estanquera voluptuosa ante el confuso e inexperto jovenzuelo (1 h. 35 m.) o el desarrollo  de una tabla de gimnasia (m. 43) en la que separados, las chicas portan aros y los chicos fusiles.

Particularmente delirante es aquel cuadro trágico-cómico del demente, encaramado a un árbol, que reclama con insistencia: ¡voglio una donna! ¡voglio una donna! (1 h. 15 m.) al que logra descender una monja ataviada con aquélla peligrosa cofia almidonada que  podía dejarnos ciego.

La película también retrata, como una evocación más de la infancia del director, la violencia fascista: la Internacional que se escucha desde el campanario en pleno desfile de los camisas negras (m. 49) y la respuesta a tiros para poner término al himno emancipador.

Una estupenda película que, como la buena música,  debemos abordarla en repetidas ocasiones para aprender algo nuevo en cada visionado.

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