Contenedores

Un hombre rebusca en el interior de un contenedor. Fuente: La Opinión de Málaga 16.05.13

Muchos de esos jóvenes se han lanzado a las calles, hijos de la rabia y la frustración que causa asistir impávidos a tanta precariedad, ausencia de futuro, su ardor nos hace un poco más jóvenes a todos y a todas por mucho que los medios de desinformación se empeñen en denostarlos.

No se trata de los contenedores del servicio de recogida de basura,  cuyas llamas nos restriegan los canales de televisión del sistema, sino de aquellos otros contenedores, cuyas soflamas intentan ocultar, que almacenan la ira, la frustración, la opresión y la explotación que sufren los jóvenes y los menos jóvenes por las políticas neoliberales implementadas por gobiernos de derecha o socialdemócratas.

No se trata solamente de Pablo Hasél aunque también. Ni de los doce raperos de «La Insurgencia» condenados a prisión, los granadinos Ayax y Prok, que también.  No se trata de Valtonic que lleva siete años exiliado en Bélgica, lejos de su familia y sus amigos, aunque también. Ni de Willy Toledo o el compañero activista del SAT Fran Molero que fue condenado a 5 años de prisión y sigue entre rejas, sufriendo un calvario, que también. No se trata de Alfon y de otros jóvenes condenados a brutales penas de prisión y toda esa gente que antes de escribir un «tuit», compartir una foto, una canción o una opinión se lo pensarán mucho antes de hacerlo por temor a sufrir represión, que también. No se trata de que en el ranking de artistas encarcelados, España ocupe el primer puesto en el mundo según las Naciones Unidas, otra copa de campeones para nuestra vergonzosa vitrina.

Son los hijos y las hijas, en estas noches frías de febrero, de aquellos que por edad, desinformación, hastío o por el olor a cuero de los sillones decidieron abandonar la lucha real, la que se dirime en las calles mediante plataformas ciudadanas, asociaciones, colectivos y sindicatos de clase, son ellos, los nuevos hijos del siglo XXI los que están agitando las banderas y enfurecidos cantos de libertad.

Una nueva generación de jóvenes que ya no se creen el cuento falsario de la llamada modélica Transacción española y que están heredando un futuro cada vez más incierto, precario y opresivo. Jóvenes que ni trabajando podrán emanciparse o tener una vida digna, una vivienda, todo aquello de lo que sí gozaron sus padres.

Por primera vez en la historia de la democracia española la generación actual es más pobre y precaria de lo que fueron sus padres, incluso estando sobradamente preparados.  Se me rompe el corazón cuando, en la vendimia francesa, escucho hablar castellano a los sufridos vendimiadores y me cuentan sus peripecias para poder ganar algo de dinero, jóvenes con estudios universitarios, trabajadores duros y eficaces que son apreciados lejos de su tierra. Es esa juventud que no acude a los viejos periódicos en papel que solo funcionan como órganos de propaganda de un régimen viejo y envejecido, el pensamiento único convertido en tinta.

Esos jóvenes, hijos e hijas de la libertad de información que fluye a través de las redes en las que los tentáculos de la censura apenas alcanza y observan impotentes a políticos corruptos largándose de rositas impunemente, abuelos rebuscando en contenedores para tener algo que llevarse a la boca. Jóvenes que han sintetizado esa infinidad de filmaciones hechas por informadores anónimos y espontáneos en las que las comitivas judiciales de desahucios echan de sus casas a familias vulnerables en situación crítica. Esos jóvenes están saliendo a las calles, esas jóvenes están rejuveneciendo las calles, haciendo todavía más patente el envejecimiento del sistema que van a heredar. El reino de España es un régimen de estructuras e instituciones caducas incapaces de solventar los problemas de su ciudadanía. Un país esquilmado, vaciado y vendido a trozos a grandes multinacionales a las que el poder rinde vasallaje, un país anómalo cuya última huelga general, con todo lo que ha llovido, fue hace más de diez años. Esos jóvenes se han lanzado a las calles, hijos de la rabia y la frustración que causa asistir impávidos a tanta precariedad, ausencia de futuro, su ardor nos hace un poco más jóvenes a todos y a todas por mucho que los medios de desinformación se escandalicen a la vez que multiplican las imágenes de cuatro contenedores en llamas.

Vaya desde aquí todo mi respeto y mi convicción de una lucha y una organización necesarias, pues es mucho lo que se juega esa generación condenada al oscurantismo que se nos aproxima a todos y todas.

manifestación

Luchad, seguir luchando por un trabajo digno, por una vivienda decente, por una sanidad pública de calidad, por una educación gratuita y laica, por la derogación de las reformas laborales y de la ley mordaza, por unos derechos y libertades democráticas plenas, por la ruptura democrática y la apertura de un proceso constituyente republicano en el que seáis protagonistas, con los asalariados, con todos y todas cuantos hoy reclaman justicia social.

Pero hacerlo con organización, con estrategia, con firmeza, mediante manifestaciones multitudinarias y pacíficas que son las que quiebran, como bien dice el ex juez Ramiro García de Dios, recientemente jubilado, el poder de los opresores. Son las que  «más preocupan al sistema. A lo que tienen pánico es a las protestas pacíficas porque saben que ahí es donde, al final, pierden».

Jorge Molina

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