Algunos apuntes al debate comunista

Un debate que busca la confluencia sin perder la identidad

Para que tenga éxito el intercambio de ideas entre comunistas (que promovemos en estas Hojas de Debate) necesitamos un esfuerzo de síntesis que analice con la mayor concisión la enorme variedad de enfoques y experiencias existentes. Estas deben ser aunadas en un examen global realizado por el amplio conjunto de militantes que pretendan construir la confluencia necesaria para levantar el imprescindible  Partido Comunista.

Sin duda, en el desarrollo histórico del movimiento comunista, la Revolución de Octubre, como señala Nines Maestro, «nos entregó a los revolucionarios del mundo el mayor tesoro: la demostración de que la Revolución es posible y que para llevarla a cabo es preciso romper con la aristocracia obrera y su cuerpo político, la socialdemocracia». Son precisamente ambos ejes de esta cuestión esencial los que, para su materialización efectiva aún hoy sigue siendo decisiva la batalla para derrotar al oportunismo en el seno del PCE y en todo ese espacio político de la izquierda que la clase obrera y las capas populares tienen por referente. Y desde luego, también, contra el sindicalismo de pacto social, reformista o burgués, manifestaciones en ambos casos de la influencia de las ideas de la burguesía en el seno del movimiento obrero organizado y en general en las capas populares. Como decía Lenin: «La lucha contra la autocracia es solo una frase huera y falsa si no se une inseparablemente a la lucha contra el oportunismo en el seno del Partido». 

Cuando Nines señala que «las direcciones de todos los partidos euro-comunistas han servido diligentemente a los intereses de las clases dominantes para aniquilar todo planteamiento revolucionario en su interior, y lo hacen, bien propiciando su muerte por consunción o enterrándole violentamente después de haberle desangrado como sucedió con el PCI o el PSUC», está expresando cómo la burguesía utiliza como principal arma contra el movimiento comunista y obrero la de los ataques oportunistas en el interior de los Partidos Comunistas y Sindicatos Obreros. Esa estrategia de la burguesía sigue viva en el PCE y la militancia que la sufre está desarrollando iniciativas que puedan servir para hacer efectivos los acuerdos del XX Congreso y, a partir de ahí, contar con un PCE bien asentado en el internacionalismo, el marxismo-leninismo como fundamento ideológico, la acción de masas como principio rector de la táctica política, el enfoque clasista de los problemas y de sus soluciones, la vinculación de los objetivos inmediatos con los estratégicos, la organización celular (núcleos),  la disciplina partidaria y la confianza en las posibilidades revolucionarias de la clase obrera.

En relación con otros aspectos que la camarada Nines desarrolla podemos estar de acuerdo, aunque no compartimos que al hablar de la confluencia comunista se desmarque de poner en el centro de la misma el marxismo-leninismo como doctrina, haciendo gala de una formulación solo basada en lo que denomina «requerimientos políticos» (ruptura con el régimen del 78, perspectiva socialista y antiimperialismo) que compartimos pero también consideramos necesaria la afirmación marxista-leninista. 

En cuanto al desarrollo de lo que llama el «referente político de masas o forma de intervención política como Frente de Salvación Popular» y que, conforme al XX Congreso del PCE, nosotros denominamos bloque rupturista, aún estando de acuerdo con los apartados de su propuesta programática consideramos necesario añadirle la lucha por la República Democrática Federal. Desde luego no queremos una República bicolor, limitada a modificar el modo de elección de la jefatura del estado, por muy importante que esto sea. Debemos luchar por una República tricolor que derrote al bloque de poder que mantuvo la dictadura y auspició antes el golpe militar del 36 y provocó, además, la renuncia al sindicalismo de clase, asambleario, combativo y socio-político para convertir a Comisiones Obreras en lo que hace ya mucho tiempo es. Para lograrlo es precisa la ruptura democrática, es decir, la senda revolucionaria, sin repetir falsas salidas reformistas que, como en el 78, traicionen el empuje, la organización y la firmeza de la clase trabajadora y del pueblo en su conjunto.

Es necesario trabajar por la formación de una amplia alianza política en favor de la ruptura democrática, establecer una hoja de ruta y mucha, mucha organización para lograr todos estos objetivos. Ahora bien, esta alianza política con organizaciones de clase, de carácter popular o con la burguesía, no debe conducirnos a hacer concesiones de principio que aten al movimiento obrero a posiciones o intereses de la burguesía. Como tampoco puede llevarnos a una pérdida de independencia de clase o a la renuncia del legítimo derecho de criticar públicamente las posiciones ideológicas, políticas y tácticas de nuestros aliados.

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