KANT, Manuel

Diccionario filosófico marxista · 1946:165-166

Emmanuel Kant (1724-1804)

Fundador del idealismo clásico alemán. “El rasgo fundamental de la
filosofía de Kant es la conciliación del materialismo con el
idealismo, el compromiso entre ellos” (Lenin). Kant afirma que existe
algún objeto fuera de nuestra conciencia, al que llama “cosa en sí”,
que a su juicio, por otra parte, es por principio incognoscible, está
más allá de nuestro conocimiento (“transcendente”). “Cuando Kant
admite que a nuestras representaciones corresponde algo fuera de
nosotros, alguna cosa en sí, Kant es materialista. Pero cuando
declara esta cosa en sí como incognoscible… Kant se manifiesta como
idealista” (Lenin). Al reconocer la “cosa en sí” como incognoscible,
Kant construyó la teoría del conocimiento sobre bases que le acercan
al idealismo subjetivo. Bajo la influencia del impulso comunicado a
la “cosa en sí”, la facultad sensorial del hombre, a juicio de Kant,
crea un caos de percepciones que son ordenadas con la ayuda de formas
subjetivas de contemplación: el espacio y el tiempo. De esta manera
se obtienen fenómenos u objetos sensoriales. Más adelante actúa el
entendimiento, que con la ayuda de las categorías lógicas subjetivas
que le son inherentes, convierte este objeto sensible (fenómeno) en un
concepto. La esfera superior del conocimiento humano es la razón, que
se guía también por ideas subjetivas: del alma como sustancia; del
mundo como un todo único; de dios. Kant consideraba, pues, que el
espacio, el tiempo, la causalidad, las leyes da la Naturaleza, no son
propiedades de la misma Naturaleza, sino de la facultad cognoscitiva
del hombre. Kant las reconoció como preexperimentales:
“apriorísticas”, y como condiciones de toda experiencia:
“transcendentales”; (de aquí el nombre que Kant dio a su filosofía:
“Idealismo trascendental”, es decir, el idealismo que reconoce que las
formas apriorísticas del conocimiento anteceden a la experiencia y la
condicionan). Kant decía que el entendimiento impone las leyes a la
Naturaleza. Todo el cuadro de la Naturaleza, tal como se representa
ante el conocimiento humano, fue estimado por Kant como la
construcción subjetiva del raciocinio. A juicio de Kant, la unidad de
la Naturaleza no es dada por la materialidad de ésta, sino por la
unidad del sujeto conocedor, del “Yo”. Todos los intentos de salirse
fuera de los límites de la experiencia, a juicio de Kant, conducen
inevitablemente a la razón, a contradicciones insolubles. Kant señaló
correctamente que la razón cae inevitablemente en contradicciones,
pero las propias contradicciones las concebía sólo como extravíos,
como ilusiones y no como el reflejo de las efectivas contradicciones
de la realidad. Como lo señaló Kant, su teoría del conocimiento
consistía en establecer una tal delimitación de los derechos de la
razón, que dejara lugar para dios más allá de los límites del
conocimiento. En su teoría ética, estimaba indispensable para
mantener la moral, reconocer la existencia de dios y de la
inmortalidad del alma. Con su hipótesis acerca del origen del sistema
solar, por primera vez en el siglo XVIII Kant intentó abordar la
Naturaleza desde el punto de vista de su desarrollo. Engels concedía
una gran importancia filosófica a la hipótesis kantiana, haciendo
notar que Kant fue el primero en abrir una brecha en la concepción
metafísica del mundo que niega el desarrollo. La filosofía de Kant
era la ideología de la joven burguesía alemana que necesitaba hacer
una crítica de los conceptos filosóficos y jurídicos de la época
feudal, pero que, siendo débil, buscaba al mismo tiempo el compromiso
con el absolutismo, no pudiendo pasar más allá de un liberalismo
desdentado. El carácter liberal de la teoría de Kant aseguró su éxito
a fines del siglo XIX entre los llamados neokantianos. Las obras
principales de Kant son: Historia universal de la naturaleza y teoría
del cielo, 1755; Crítica de la razón pura, 1781; Prolegómenos para
toda metafísica futura que pueda presentarse como ciencia, 1783:
Crítica de la razón práctica, 1788; Crítica del juicio, 1790.

Diccionario de filosofía y sociología marxista · 1959:52-53

Manuel Kant (1724-1804)

Fundador del idealismo clásico alemán. “El rasgo fundamental de la
filosofía de Kant es la conciliación del materialismo con el
idealismo, un compromiso entre éste y aquél” (Lenin). Por un lado,
Kant afirmaba la existencia de un cierto objeto fuera de nuestra
conciencia, que él llamaba “cosa en sí”. Pero, por otro, “la cosa en
sí”, según Kant, incognoscible por principio, viene a ser tangente a
nuestro conocimiento, (“trascendente”). “Cuando Kant admite que a
nuestras representaciones corresponde, fuera de nosotros, una cierta
‘cosa en sí’, Kant es materialista. Cuando declara incognoscible esa
cosa en sí, Kant se manifiesta como idealista” (Lenin).

Reconociendo la “cosa en sí” como incognoscible, Kant construyó su
teoría del conocimiento sobre tales bases que lo acercan al idealismo
subjetivo. Bajo la influencia de un impulso que se comunica a la
“cosa en sí”, la capacidad sensible del hombre, según Kant, crea un
caos de percepciones, que se ordena con ayuda de las formas subjetivas
de la contemplación: el espacio y el tiempo. De tal modo, se tiene el
fenómeno, u objeto de la sensibilidad. Más adelante, actúa el juicio,
que con la ayuda de las categorías lógicas subjetivas que le son
inherentes, convierte ese objeto sensible (fenómeno), en concepto. La
esfera superior del conocimiento humano es la razón que, otra vez sin
embargo, se gobierna por las ideas subjetivas: el alma, como
sustancia; el mundo como un todo único. Dios.

De esta manera, Kant consideraba que el espacio, el tiempo, la
causalidad, las leyes de la naturaleza, no son propiedades de la
naturaleza misma, sino de la capacidad cognoscible del hombre. Kant
las reconocía como anteriores a la experiencia: “apriorísticas”, y
como condiciones de toda experiencia, “trascendentales” (de aquí el
nombre que Kant daba a su filosofía: –idealismo trascendental–
idealismo que reconoce que las formas apriorísticas de la conciencia
preceden a la experiencia y vienen a ser sus condiciones). Kant decía
que el juicio dicta sus leyes a la naturaleza. Todo el panorama de la
naturaleza, tal cual ella se presenta ante el conocimiento humano,
Kant lo consideraba como una construcción objetiva de la inteligencia.
La unidad de la naturaleza, según Kant, se crea no por la materialidad
de la naturaleza, sino por la unidad del sujeto que conoce: el “yo”.
Cualquier tentativa de la razón de salir de los límites de la
experiencia lleva inevitablemente, según Kant, a contradicciones
insolubles. Kant indicaba, con justeza, que la razón entra,
inevitablemente, en contradicciones; pero la contradicción misma la
consideraba sólo como un extravío, una ilusión, y no como un reflejo
de las verdaderas contradicciones de la realidad. Cual el propio Kant
lo indica, el problema de su teoría del conocimiento venía a ser una
tal delimitación de los derechos de la razón, dentro de la cual
hubiere un lugar para Dios, más allá de los límites del conocimiento.
En su doctrina ética, Kant consideraba necesario para mantener la
moral, reconocer la existencia de Dios y la inmortalidad del alma.

Kant, por vez primera en el siglo XVIII, hizo tentativas de acercarse
a la naturaleza del punto de vista de su desarrollo, llegando a ser
uno de los coautores de la llamada hipótesis de Kant-Laplace sobre el
origen del sistema solar. La filosofía de Kant fue la ideología de la
joven burguesía alemana, que necesitaba criticar las concepciones
filosóficas y jurídicas de la época feudal; pero, siendo débil,
buscaba compromisos con el absolutismo y era impotente para avanzar
más allá de un inofensivo liberalismo. El carácter liberal de la
doctrina de Kant determinó su éxito, a fines del siglo XIX, entre los
llamados neokantianos.

Principales obras de Kant: Historia general de la naturaleza y Teoría
del cielo 1755, Crítica de la razón pura 1781, Crítica de la razón
práctica 1788, Crítica de la facultad del juicio 1790, Prolegómenos
1783.

Diccionario filosófico abreviado · 1959:268-270

Manuel Kant (1724-1804)

Uno de los más grandes filósofos, fundador del idealismo alemán de la
segunda mitad del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX. “El rasgo
fundamental de la filosofía de Kant es que concilia el materialismo
con el idealismo, sella un compromiso entre éste y aquél, compagina en
un sistema único direcciones filosóficas heterogéneas, opuestas”
(Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, p. 216, Ediciones Pueblos
Unidos, Montevideo, 1948). Por una parte, Kant reconoce la existencia
de un mundo de cosas al margen de nuestra conciencia, de “cosas en
sí”. (ver “Cosa en sí” y “Cosa para nosotros”). Por otra parte, la
“cosa en sí” de Kant es, en su principio, incognoscible, se encuentra
más allá de nuestro conocimiento (es “transcendente”). “Cuando Kant
admite que a nuestras representaciones corresponde un algo existente
fuera de nosotros, una cierta cosa en sí, entonces Kant es
materialista. Cuando declara a esta cosa en sí incognoscible,
transcendente, ultraterrenal Kant habla como idealista” (Ibid. p.
216). Lenin se refería a la “cosa en sí” incognoscible de Kant, como
a una abstracción muerta, vacía de sentido. Al fin de cuentas, la
“cosa en sí” en Kant se transforma en un simple símbolo del
pensamiento. Tomando como punto de partida la incognoscibilidad de la
“cosa en sí”, Kant construye su gnoseología subjetiva idealista. Bajo
el impacto transmitido por la “cosa en sí”, la facultad de sentir del
hombre crea un caos de percepciones que se ordena con ayuda de formas
subjetivas de la sensibilidad: el espacio y el tiempo. Así aparece el
fenómeno o el objeto de la sensación. En seguida entra en acción el
entendimiento. Con ayuda de las categorías lógicas subjetivas que le
son inherentes, el entendimiento convierte el objeto de la sensación
(el fenómeno) en concepto. La esfera superior del conocimiento humano
reside en la razón dirigida, también, por ideas subjetivas: el alma
como substancia, el mundo como un todo homogéneo, Dios.

Según Kant, el espacio, el tiempo, la causalidad, las leyes de la
naturaleza, no son propiedades de la naturaleza misma, sino
propiedades del entendimiento humano, categorías a priori, anteriores
a la experiencia, independientes de esta última, la condición de toda
experiencia, categorías transcendentales. De ahí el nombre que Kant
dio a su filosofía: “idealismo transcendental”, vale decir, un
idealismo según el cual, las formas a priori de la conciencia preceden
a la experiencia y la condicionan. De ese modo, el conocimiento
separa al hombre de la naturaleza en lugar de unirlo a ella. Kant
suministró a la filosofía burguesa las armas de la teoría de la
incognoscibilidad del mundo, que los filósofos reaccionarios de todo
pelaje utilizan todavía hoy, para luchar contra el materialismo y
defender el fideísmo (ver). Fue él quien lanzó el principio idealista
según el cual, el entendimiento dicta sus leyes a la naturaleza. Todo
el cuadro de la naturaleza, tal como ésta se presenta ante el
conocimiento humano, sería una construcción subjetiva de la
inteligencia. Según Kant, la unidad de la naturaleza reside no en su
materialidad, sino en la unidad del sujeto cognoscitivo, del “Yo”.
Todas las tentativas de la razón para salir de los límites de la
experiencia subjetiva, la conducen inevitablemente a contradicciones
insolubles: se obtienen antinomias, las contradicciones dialécticas
del entendimiento consigo mismo. Aquí aparecen ciertos elementos
importantes de la dialéctica, propios de Kant, que desempeñaron luego
un gran papel en el desarrollo ulterior de la dialéctica en la
filosofía alemana. Pero Kant consideraba esas contradicciones como un
error, como una ilusión, y no como el reflejo de las contradicciones
reales del mundo exterior. Todas las consideraciones de Kant sobre el
carácter contradictorio de la razón, sobre las antinomias (ver)
confluyen a la defensa del agnosticismo (ver). Al igual que toda la
filosofía de Kant, su teoría del conocimiento fue una reacción ante el
materialismo francés; con ella, Kant se proponía restaurar el
idealismo, rehabilitar a Dios y la religión, bastante quebrantados
bajo los golpes de los materialistas. Kant conciliaba el conocimiento
con la religión. Su teoría del conocimiento se propone limitar los
derechos de la razón, dejar un lugar a Dios más allá del conocimiento.
“Tuve que hacer lugar a la fe, poniendo un límite al conocimiento”,
escribe en el prefacio a La crítica de la razón pura. En su doctrina
ética, estimaba necesario, a fin de sostener la moralidad, reconocer
la existencia de Dios y la inmortalidad del alma.

En su primer período, Kant formuló la hipótesis sobre el origen del
sistema solar, lo que contribuyó enormemente al progreso de las
ciencias de la naturaleza. En su obra Historia natural del mundo y
teoría del cielo, Kant abordó ese problema desde el punto de vista del
desarrollo, lo que Engels apreció altamente. Engels señalaba que con
su teoría, Kant abrió una brecha en la concepción metafísica del
mundo, que negaba el desarrollo.

En los dominios social y político, Kant era partidario de la libertad
cívica, de la paz eterna, &c., pero todo eso era, en su opinión,
irrealizable. “Kant se contenta con la simple ‘buena voluntad’ aunque
ésta no ofrezca resultados, y coloca la realización de esta buena
voluntad, la armonía entre ella y las necesidades y las aspiraciones
de los individuos, en el más allá. Esta buena voluntad de Kant
corresponde perfectamente a la impotencia, a la situación penosa y a
la miseria de los burgueses alemanes cuyos intereses mezquinos no
fueron capaces jamás, de transformarse en intereses nacionales comunes
de una clase…” (Marx/Engels, Obras, Ed. alem.). Kant comprendía la
necesidad de ciertas reformas sociales y las exigía, y en este
sentido, su doctrina reflejó los intereses del desarrollo burgués
progresista de Alemania. Pero ello constituía, como dijeron Marx y
Engels, la teoría alemana de la Revolución Francesa, vale decir, la
ideología de una burguesía pusilánime, vacilante. Kant exigía de
todos los súbditos una sumisión absoluta al Estado explotador, y les
negaba el derecho a la resistencia. Era un enemigo de la violencia
revolucionaria.

El kantismo es permanentemente una de las armas principales en manos
de los ideólogos del imperialismo contra las ciencias naturales
modernas y la filosofía científica del marxismo-leninismo. Al tiempo
que repudian el elemento materialista de la filosofía kantiana, la
“cosa en sí”, los filósofos burgueses y los revisionistas extraen de
la gnoseología idealista subjetiva de Kant, sus argumentos contra el
materialismo filosófico. Apoyándose en la filosofía de Kant los
reformistas hacen del socialismo un ideal inaccesible, una especie de
“cosa en sí”, en la cual se puede creer pero nada más. Con ayuda de
la filosofía kantiana, tratan de embotar el filo revolucionario del
marxismo, convertirlo en un instrumento de “paz social”, y utilizarlo
para impedir el derrocamiento revolucionario del capitalismo.
Denunciar y combatir las variedades modernas del kantismo es siempre
una tarea importante y actual. Obras principales: Historia natural
del mundo y teoría del cielo (1755), Crítica de la razón pura (1781),
Prolegómenos (1783), Crítica de la razón práctica (1788), Crítica del
juicio (1790). (ver igualmente Neo-kantismo).

Diccionario filosófico · 1965:256-257

Immanuel Kant (1724-1804)

Filósofo y hombre de ciencia, fundador del idealismo clásico alemán.
Nació, estudió y trabajó en Königsberg, donde fue profesor adjunto
(1755-70) y profesor ordinario (1770-96); Kant es el fundador del
idealismo “crítico” o “trascendental”. Durante su denominado periodo
“precrítico” (hasta 1770), creó la hipótesis cosmogónica de la
“nebulosa”, en la que explica el origen y la evolución del sistema
planetario por la existencia de una “nebulosa” inicial. En ese mismo
tiempo, formuló la hipótesis sobre la existencia de una gran Galaxia
universal fuera de nuestra Galaxia, desenvolvió la teoría sobre el
retardo –como resultado del rozamiento por las mareas– de la rotación
diurna de la Tierra, y la teoría sobre la relatividad del movimiento y
del reposo. Estas investigaciones, unidas por la idea materialista
del desarrollo natural del universo y de la Tierra, desempeñaron un
importante papel en la formación de la dialéctica. En los trabajos
filosóficos de su período “precrítico”, Kant señaló –bajo el influjo
del empirismo y del escepticismo de Hume– la diferencia entre
fundamento real y fundamento lógico; introdujo en la filosofía el
concepto de magnitudes negativas y se burló de la inclinación de sus
contemporáneos por la mística y por las “visiones”. En todos esos
trabajos, se limita el papel de los métodos deductivo-formales del
pensar en favor de la experiencia. En 1770 tuvo lugar su paso a las
concepciones del período “crítico”; en 1781 vio la luz la Crítica de
la razón pura, a la que siguió la Crítica de la razón práctica (1788)
y la Crítica del juicio (1790). En estas obras se exponía
sucesivamente: la teoría “crítica” del conocimiento, la ética, la
estética y la teoría sobre la adecuación a fines de la naturaleza. En
los trabajos de su período “crítico”, Kant demuestra que es imposible
construir un sistema de filosofía especulativa (“metafísica”, según la
terminología entonces empleada) antes de haber investigado previamente
las formas del conocimiento y los límites de nuestras facultades
cognoscitivas. Tales investigaciones llevan a Kant al agnosticismo, a
afirmar que la naturaleza de las cosas, tal como éstas existen en sí
mismas (“cosas en sí”), es por principio inaccesible a nuestro
conocimiento: sólo es posible conocer los “fenómenos”, es decir, el
modo por el cual las cosas aparecen en nuestra experiencia. El
conocimiento teórico cierto únicamente se da en matemáticas y en la
ciencia natural. Según Kant, dicho conocimiento está condicionado por
el hecho de que en nuestra conciencia existen formas “apriorísticas”
de la contemplación sensorial, formas igualmente apriorísticas o
conceptos del entendimiento y las formas apriorísticas de la conexión,
o de la síntesis de la diversidad sensible y de los conceptos del
entendimiento, en los que se basan, por ejemplo, la ley de la
constancia de las sustancias, la ley de causalidad y la ley de
interacción de las sustancias. En la razón, según Kant, se da un afán
inextinguible de conocimiento absoluto, afán que se deriva de elevadas
necesidades éticas. Bajo la presión de este afán, nuestro
entendimiento procura resolver los problemas concernientes a los
límites o a la infinitud del mundo en el espacio y en el tiempo, a la
posibilidad de que existan elementos indivisibles del mundo, al
carácter de los procesos que transcurren en el mundo, a Dios como ser
absolutamente necesario. Kant consideraba que pueden fundamentarse
con un mismo valor demostrativo soluciones contrarias: el mundo es
finito, y no tiene límites; existen partículas indivisibles (átomos) y
no hay partículas de ese tipo; todos los procesos transcurren como
causalmente condicionados y existen procesos (actos) que se realizan
libremente; existe un ser absolutamente necesario y tal ser no existe.
Resulta, pues, que la razón es, por naturaleza, antinómica, es decir,
se desdobla en contradicciones. Sin embargo, tales contradicciones,
según Kant, no son más que aparentes. La solución del enigma está en
la limitación del saber en beneficio de la fe, en diferenciar las
“cosas en sí” y los “fenómenos”, en reconocer como incognoscibles las
“cosas en sí”. Así, el hombre no es libre (como ser en el mundo de
los fenómenos) y al mismo tiempo es libre (como sujeto del mundo
suprasensible incognoscible); la existencia de Dios es indemostrable
(para el saber), pero al mismo tiempo es un postulado necesario de la
fe en el que se basa nuestra convicción de que existe un orden moral
en el mundo, &c. Esta teoría sobre el carácter antinómico de la razón
–teoría que le sirve a Kant de base para fundamentar el dualismo de
las “cosas en sí” y los “fenómenos” y el agnosticismo– sirvió de
impulso que llevo al idealismo clásico alemán a elaborar la dialéctica
positiva. En cambio, en la concepción del conocer, de la conducta y
de la obra creadora, dicha teoría quedó cautiva del dualismo, del
agnosticismo y del formalismo. Así, en ética, Kant proclamó como ley
fundamental el mandato incondicionado (Imperativo categórico) que
exige guiarse por una regla tal que, con total independencia del
contenido moral del acto, pueda convertirse en ley universal de la
conducta. En estética, Kant reduce lo bello al agrado
“desinteresado”, independientemente de si existe o no el objeto
representado en la obra de arte, agrado que está condicionado sólo por
la forma. De todos modos, Kant no pudo mantener su formalismo de
manera consecuente: en ética –en contra del carácter formal del
imperativo categórico– sostuvo el principio del valor intrínseco de
cada persona, que no ha de ser sacrificada ni siquiera en nombre del
bien de la sociedad toda; en estética –en contra del formalismo en la
concepción de lo bello– declaró como forma suprema del arte la poesía,
dado que ésta se eleva hasta la representación del ideal, &c. Eran
progresivas la doctrina de Kant sobre el papel de los antagonismos en
el proceso histórico de la vida de la sociedad y la teoría sobre la
necesidad de la paz perpetua. Kant entendía que el medio para
establecer y conservar la paz radica en el desarrollo del comercio y
de las relaciones internacionales con los beneficios recíprocos que de
ello se derivan, para los diferentes estados. La filosofía de Kant,
que abunda en contradicciones, ejerció una inmensa influencia sobre el
ulterior desarrollo del pensamiento científico y filosófico. Los
clásicos del marxismo-leninismo, en su crítica de Kant, han puesto de
relieve que la causa social de los errores, contradicciones e
inconsecuencias de Kant, se encuentra en el atraso y debilidad de la
burguesía alemana de aquel entonces. El pensamiento burgués,
degradado, de fines del siglo XIX y primera mitad del XX, ha
aprovechado la inconsecuencia de Kant, se ha apropiado varias de las
doctrinas erróneas de este último para fundamentar las propias teorías
reaccionarias (Neokantismo, Socialismo ético, Escuela de Marburgo,
Escuela de Baden).

Diccionario de filosofía · 1984:243-244

Immanuel Kant (1724-1804)

Filósofo y científico alemán, progenitor del idealismo clásico alemán.
Kant es fundador del idealismo “crítico” o “trascendental”. En el
denominado período “precrítico” (hasta 1770), Kant formuló la
hipótesis cosmogónica en la que el surgimiento y la evolución del
sistema planetario se deduce de una “nebulosa” inicial. Al mismo
tiempo, Kant expuso la hipótesis acerca de la existencia de un gran
Universo de galaxias fuera de nuestra Galaxia y desarrolló la teoría
del retardo, a consecuencia del rozamiento por las mareas, de la
rotación diurna de la Tierra, y la doctrina de la relatividad del
movimiento y el reposo. Estas investigaciones, unidas por la idea
materialista del desarrollo natural del Universo y de la Tierra,
desempeñaron un importante papel en la formación de la dialéctica. En
sus obras filosóficas del período “precrítico”, Kant trazó –bajo la
influencia del empirismo y el escepticismo de Hume– la diferencia
entre el fundamento real y el fundamento lógico, introdujo en la
filosofía el concepto de magnitudes negativas y se mofó de la pasión
de sus contemporáneos por la mística y el espiritismo. En todas estas
obras, el papel de los métodos deductivos formales del pensamiento es
limitado a favor de la experiencia. En 1770, Kant pasa a las
concepciones del período “crítico”: en 1781 ve la luz la Crítica de la
razón pura, le siguen la Crítica de la razón práctica (1788) y la
Crítica del juicio (1790). En ellas se exponen consecuentemente: la
teoría “crítica” del conocimiento, la ética, la estética y la doctrina
de la racionalidad de la naturaleza. En sus trabajos del período
“crítico”, Kant demuestra la imposibilidad de construir un sistema de
la filosofía especulativa (“metafísica”, según la terminología de
aquel entonces) antes de que se investiguen previamente las formas del
conocimiento y los límites de nuestras capacidades cognoscitivas.
Estas investigaciones conducen a Kant al agnosticismo, a la afirmación
de que la naturaleza de las cosas, como existen por sí mismas (“cosas
en sí”), es por principio inaccesible a nuestro conocimiento: este
último sólo es posible respecto a los “fenómenos”, es decir, al método
de descubrimiento de las cosas en nuestra experiencia. Un
conocimiento teórico verídico sólo existe en las matemáticas y en las
ciencias naturales. Según Kant, en la razón se encierra una
aspiración inextinguible hacia el conocimiento incondicional. Bajo la
presión de ello, el raciocinio humano aspira a resolver las cuestiones
de los límites o la infinitud del mundo en el espacio y el tiempo, de
la posibilidad de que existan los elementos, indivisibles del mundo,
del carácter de los procesos que transcurren en él y de Dios como ser
incondicionalmente necesario. Kant consideraba que con igual
demostración pueden ser fundamentadas las soluciones contrarias: el
mundo es, al mismo tiempo, finito y no tiene límites; existen
partículas indivisibles (átomos) y no existen; todos los procesos
transcurren como causalmente condicionados, y existen procesos (actos)
que se realizan libremente; existe un ser incondicionalmente
necesario, y no existe. Así pues, la razón es antinómica por su
naturaleza, es decir, se desdobla en contradicciones. Ahora bien,
según Kant, estas contradicciones son sólo aparentes. La solución del
enigma consiste en limitar el conocimiento a favor de la fe,
diferenciar las “cosas en sí” y los “fenómenos” y reconocer
incognoscibles las “cosas en sí”. Por ejemplo, el hombre es, al mismo
tiempo, no libre (como ser en el mundo de los fenómenos) y libre (como
sujeto del mundo suprasensorial incognoscible); la existencia de Dios
es indemostrable para el conocimiento y, al mismo tiempo, existe el
postulado necesario de la fe, en el que se basa nuestra convicción de
la existencia del orden moral en el mundo, &c. Esta doctrina del
carácter antinómico de la razón, que servía a Kant de fundamento del
dualismo de las “cosas en sí” y los “fenómenos” y del agnosticismo,
estimuló la elaboración de la dialéctica positiva del idealismo
clásico alemán. Por el contrario, en cuanto a la comprensión del
conocimiento, la conducta y la creación, esta doctrina quedaba
aprisionada por el dualismo, el agnosticismo y el formalismo. Así, en
ética, Kant proclamó como su ley principal el imperativo categórico,
que exige guiarse por una norma totalmente independiente del contenido
moral del acto, el cual podría convertirse en ley universal de la
conducta. En estética reduce lo bello al deleite “no interesado”,
independientemente de si existe o no el objeto presentado en una obra
de arte, y está condicionado sólo por la forma. Por lo demás, Kant no
pudo aplicar consecuentemente su formalismo: en la ética, a despecho
del carácter formal del imperativo categórico, expuso el principio del
autovalor de cada individuo, que no debe ser sacrificado incluso para
bien de toda la sociedad; en estética, a pesar del formalismo en la
comprensión de lo bello, proclamó que la variedad suprema del arte es
la poesía, ya que ella se eleva hasta la representación del ideal, &c.
Fueron progresistas la doctrina kantiana del papel del antagonismo en
el proceso histórico de vida de la sociedad y la doctrina acerca de la
necesidad de la paz eterna. Kant estimaba que el desarrollo del
comercio y la comunicación internacionales mutuamente ventajosos para
los distintos Estados, constituye el medio de establecimiento y
preservación de la paz. La doctrina kantiana, que abunda en
contradicciones, ejerció una influencia colosal sobre el desarrollo
del pensamiento científico y filosófico. Al criticar a Kant, los
clásicos del marxismo-leninismo mostraron que la naturaleza social de
sus extravíos, contradicciones e inconsecuencia estriba en la
debilidad y el atraso de la burguesía alemana de aquel entonces. El
pensamiento burgués de fines del siglo 19 y primera mitad del 20
utilizó la inconsecuencia de Kant e incorporó una serie de tesis
erróneas para argumentar sus construcciones reaccionarias.
(Neokantismo, Socialismo ético, Escuela de Marburgo, Escuela de
Baden).

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