COESPE celebra su Asamblea en medio de un ataque brutal al Sistema Público de Pensiones

La inflación es un problema central cuando a consecuencia de las políticas expansionistas, vuelve a desatarse y convertirse en un mecanismo de redistribución regresiva de la riqueza de primer orden.

La lucha que estamos desarrollando ha conseguido grandes pasos, rompiendo el 0,25% que Rajoy trato de establecer congelando los aumentos, retardando un año la aprobación de la reforma de Escrivá, forzando a presentarla en dos plazos ante la dificultad de introducir la privatización de forma abierta, obligando a que se reconozca la necesidad de auditar las cuentas de la seguridad social, logrando una primera medida contra la brecha de género, aunque claramente insuficiente y otros elementos que nos sirven de instrumento para seguir con nuestras acciones y reivindicaciones.
Sin nuestra constancia en la lucha organizada, las cosas hubieran sido mucho peores, pero ello no debe ocultar el camino que nos queda por recorrer, que a diferencia de lo conseguido por la ciudadanía francesa (bloqueando la contrarreforma de Macron), finalmente se haya aprobado una Ley que abre la puerta a la privatización (con la creación de la agencia), implanta un mecanismo similar al factor de sostenibilidad y robándonos el discurso sobre el IPC introduce un falso índice de revalorización (IPC medio), en sustitución al real, que ahora y aquí supone una importante pérdida del poder adquisitivo para el colectivo de pensionistas. Así mismo y de un plumazo acaban con la paguilla de revalorización, este año ha sido la última.
Afrontamos una situación muy difícil. El poder financiero ha conseguido una amplia mayoría parlamentaria que da cobertura a la contrarreforma. La compra de voluntades de los diputados de diversas fuerzas políticas, debemos entenderlas como producto de la corrupción y de la fuerza del poder a la sombra del sector financiero. Un poder que soborna, presiona, ofrece puertas giratorias, amenaza con campañas de prensa contra aquellos que se les opongan y financia campañas electorales y partidos políticos. Sin embargo, ello no hubiera sido suficiente, como muestra el caso francés: Macron tenía también mayoría parlamentaria y no pudo aplicar su reforma. Pero a diferencia de Francia, contra nosotros el poder financiero ha logrado el apoyo de las direcciones sindicales mayoritarias, que de espaldas a sus afiliados han aceptado la lógica de la reforma y en algún caso la tratan de defender públicamente.
Además, han aprovechado para su aprobación otros factores que nos eran adversos. En primer lugar, la epidemia, que dificulta la realización de un debate social, las reuniones en los centros de trabajo y en los barrios.

En segundo lugar, el periodo vacacional, en que buena parte de nuestro activo se ve obligado a cuidar de los nietos, mientras sus padres trabajan.

En tercer lugar, los partidos políticos que durante este año nos han ido mostrando su apoyo en la defensa de las reivindicaciones del movimiento pensionista, a la hora de la verdad han votado a favor de esta ley.

En cuarto lugar, el cobro de la paguilla encubre provisionalmente el recorte que se nos impone. Finalmente, la dificultad a corto plazo de explicar la diferencia y las consecuencias de aplicar el IPC medio en lugar del IPC acumulado.
Con el sistema monetario europeo en los últimos 30 años la inflación se había reducido y compensarla había dejado de ser un factor prioritario para el movimiento obrero, en relación a lo que fue en los años 60 y 70. Ello nos lleva ahora a tener que asumir la carga de convertirnos en los transmisores de la memoria histórica hacia los trabajadores actuales, de cómo la inflación es un problema central cuando a consecuencia de las políticas expansionistas, vuelve a desatarse y convertirse en un mecanismo de redistribución regresiva de la riqueza de primer orden. Tanto más por cuanto el proceso inflacionario va a seguir expandiéndose a media que aumenta la impresión de dinero para hacer frente a los gastos «Next Generatión EU», el gasto militar o el rescate bancario.

Ante ello, hemos de entender que esta es una pelea de larga duración, tenemos a nuestro favor que pensionistas y trabajadores no tardarán en sentir en sus bolsillos el efecto de estos acuerdos nefastos y que tras la confusión provocada por los voceros que ahora defienden torticeramente el IPC medio, van a tener que enfrentarse a la realidad de sus efectos sobre la gente.
Pero mientras tanto, es muy importante alcanzar la máxima unidad en la denuncia de esta trampa, construyendo una imagen de unidad del movimiento pensionista.
Precisamos desplegar pedagogía en nuestro discurso público, evitemos los insultos y descalificaciones, situando en primer lugar los argumentos hacia todos los trabajadores, sean del sindicato que sean, de la sensibilidad electoral o del territorio o sector al que pertenezcan. Los diputados y dirigentes sindicales que han entrado en este acuerdo, lo han hecho de espaldas a sus bases y afiliados. En ningún congreso de esas fuerzas políticas o sindicales se aprobó el plan de Escrivá, al contrario, centenares de representantes sindicales, concejales o militantes se habían pronunciado abiertamente en contra. Es a ellos a quienes debemos explicar cómo han salido perjudicados.
A la vez que agrupamos y movilizamos a más gente, debemos ofrecer la posibilidad de sumar a nuestro movimiento a quienes no hayan sido agentes activos de la aprobación de este acuerdo. Para conseguir poner en pie a 9 millones de pensionistas, no sobra nadie, lo importante es que se sumen a nuestras propuestas y discurso, que la gente los hagan suyos. En este entorno tenemos la V Asamblea de COESPE. Esta debe servir para incorporar argumentario que recoja los problemas cotidianos de la gente, no para interiorizarnos en debates administrativos o reglamentarios, más que lo imprescindible.

Se trataría pues de buscar y mejorar nuestra comunicación, entre ellos debemos tener en cuenta:

• El hecho de que para las cosas importantes el poder planta como criterio de revalorización el IPC acumulado, no el medio. Por ejemplo, la subida de alquileres, transporte, autopistas de  pago, etc.

• Que haya precios que están aumentando muy por encima incluso del IPC acumulado (electricidad, gas, alimentación…), también partidas nada sociales como el gasto militar que aumenta este año un 25% (10 veces el IPC Medio).

Por otra parte, a la vez que mantenemos nuestras formas tradicionales de movilización como los Lunes al Sol, la gran manifestación del día 16 de Octubre en Madrid, la marcha a Bruselas, la primera concentración de Pensionistas en Moncloa y las acciones unitarias descentralizadas que hemos celebrado, debemos buscar otras formas de llegar a la gente con acciones creativas, que permitan conectar con la ciudadanía trabajadora y estudiantil, a la vez que vamos a buscar a la gente mayor de forma más extensa y creativa. Entre ellos podemos pensar en iniciativas como:

• Encarteladas, murales, pegatinas.

• Acciones en las redes sociales  más diversas.

• Campaña de firmas unitaria sobre el IPC y la privatización dirigida a los diputados, lo que permite en el futuro llevarlas al Parlamento y a cada diputado provincial del país.

• Exigir la ejecución de la auditoria a la que el gobierno se ha comprometido sobre las cuentas de la seguridad social.

• Desarrollar actividades en los centros de trabajo y de estudio, explicando cómo les va afectar la contrarreforma.

A 24 de Enero 2022

Coordinadora Estatal por la Defensa del Sistema Público de Pensiones (COESPE)

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