¿Nacionalizar la banca o control público de la banca?

El anuncio de los ERES por CaixaBank y BBVA con la propuesta de más de 12.000 despidos nos invita abordar esta cuestión estratégica: ¿nacionalizar la banca o control público de la banca?

En el capítulo 23 del Tomo I del Capital titulado «La ley general de la acumulación capitalista», Karl Marx expone su concepción del proceso de reproducción de una economía capitalista o proceso de concentración y centralización del capital, dando especial énfasis a las consecuencias del mismo sobre la clase obrera. Se trata por lo tanto de las implicaciones de los aspectos más generales del modo de producción capitalista sobre el funcionamiento del mercado de trabajo, aunque hay una serie de «factores específicos en el contexto actual» que inciden de modo particular en la evolución del empleo y de los salarios.

Entre dichos factores específicos, además de unas no derogadas reformas laborales, grave omisión del Gobierno de coalición, que hacen posible la aplicación de los EREs con la decisión unilateral del empresario, también cabe señalar el desarrollo desde hace muchos años de la banca como uno de los sectores de avanzada en la incorporación de tecnologías, cambios en la organización del trabajo y por tanto en las condiciones laborales del sector, a lo que habría que añadir el creciente protagonismo atribuido a las propias personas usuarias, junto con el de las «comisiones bancarias» cobradas por servicios cada vez menores, que facilita a la banca la posibilidad de prescindir del correspondiente personal. Todo ello enormemente facilitado por un sindicalismo entreguista y condescendiente con los intereses de la patronal que tiene una presencia mayoritaria en el movimiento obrero actual.

Respecto de las nacionalizaciones, incluida la de la banca, Daniel Rafuls Pineda, profesor de Teoría Socio-política de la Universidad de La Habana nos desvela, en su texto «Algunas apreciaciones de Lenin (1917-1918) acerca de los fundamentos económicos de la transición al socialismo», que Lenin insistía en que «La clave de la cuestión no consistirá siquiera en confiscar los bienes de los capitalistas, sino precisamente en establecer un control omnímodo… Sustituiremos fácilmente la confiscación con la imposición de un gravamen justo, pero a condición de excluir la posibilidad de eludir el control, de ocultar la verdad, de esquivar la ley. Y esto se conseguirá sólo mediante el control obrero del Estado Obrero. Con estas palabras, el líder bolchevique explicaba que la tarea del momento no sería incluso ni la simple expropiación forzosa de la propiedad capitalista, porque con esta medida, fácil de realizar, los obreros no aprenderían a organizarse y mucho menos a trabajar».1

La «clave» consistía en que los obreros controlaran a los capitalistas, los obligaran a comerciar con el estado proletario y a rendirle cuenta de lo que hacían. «Este constituiría el primer paso hacia el socialismo mientras la otrora clase explotada no estuviera en condiciones de asumir ella misma la administración de las fábricas. La confiscación de las diferentes propiedades burguesas y las grandes nacionalizaciones, que, tras la inminente revolución, podrían tener lugar, seguirían siendo ejecutadas, y convertidas en socialistas, en dependencia de la madurez de los obreros para enfrentar las nuevas tareas y según los capitalistas ofrecieran resistencia.»

En este sentido Lenin decía en abril de 1918: «Pero en tanto el control obrero no sea un hecho, en tanto los obreros avanzados no hayan organizado y llevado a efecto su cruzada victoriosa e implacable contra los infractores de ese control o contra los negligentes en este dominio, no podremos, después de haber dado este primer paso (el control obrero), dar el segundo hacia el socialismo, es decir, pasar a la regulación de la producción por los obreros».2

Lenin
Lenin. Fuente: REDH

Una posición similar se puso de manifiesto con respecto a los bancos existentes en el país. Partiendo de la experiencia de que uno de los errores de la Comuna de París fue detenerse ante el banco del Estado, el mismo primer día de su triunfo, la Revolución de Octubre tomó posesión de esta importante institución rusa y, tras acabar con el sabotaje de los funcionarios burgueses, no tardó en establecer el control sobre los bancos privados como medida puente a su nacionalización futura.

El tiempo que medió entre el día en que los bolcheviques pasaron a controlar el  banco estatal y el 27 de diciembre del mismo año (fecha en que se promulgó el decreto sobre la nacionalización de los bancos), estuvo caracterizado por el hecho de que como dijera Lenin: «Queríamos seguir el camino del acuerdo con los bancos y les dimos créditos para subsidiar las empresas, pero ellos emprendieron un sabotaje de proporciones inauditas y la práctica nos llevó a ejercer el control con otras medidas»3, es decir a nacionalizarlos y a administrarlos con las estrictas fuerzas del proletariado. Esto significa que los revolucionarios rusos estaban dispuestos a seguir colaborando con los banqueros privados sin expropiarlos, hasta tanto los empleados de los bancos aprendieran a dirigir o la resistencia de los propios propietarios privados obligara al gobierno a nacionalizarlos (como realmente ocurrió).

Otros acontecimientos en la experiencia de la Revolución Rusa revelan la intención leninista de culminar las tareas de la revolución democrático-burguesa, bajo el funcionamiento de la dictadura del proletariado. Los decretos aprobados el 2 de mayo sobre la nacionalización de la industria azucarera, el 18 de junio acerca de la nacionalización de las sociedades anónimas Sórmovo, las fábricas metalúrgicas de Belosetsk y la de construcciones mecánicas de Kolomna, entre otras, y la nacionalización de la industria petrolera ocurrida el 20 de junio (todas en 1918) fueron parte de esa política.

El cumplimiento de estas tareas, en esas fechas, bajo la hegemonía del proletariado, también resaltaba el hecho de que para los bolcheviques, la proclamación del carácter socialista de su revolución, no se derivó de las más grandes transformaciones anticapitalistas que ellos pudieron haber ejecutado en su base económica. Esto lo confirma, además, el elemento no sólo de que no fue hasta el 28 de junio (ocho meses después de haber proclamado la República de los Soviets) que quedaron nacionalizadas todas las grandes empresas industriales, todos los ferrocarriles privados y las empresas de servicios municipales (abastecimiento de agua, fábricas de gas, transporte urbano, etc.), sino que ese proceso fue concebido no en calidad de estatización de propiedades capitalistas para convertirlas en estrictamente socialistas, como muchos pudieran pensar, sino como propiedades del estado soviético que el consejo de comisarios del pueblo consideró arrendadas, sin indemnización, a sus dueños anteriores.

Aquellas nacionalizaciones a pesar de promoverlas un Estado de obreros y campesinos, eran todavía, en algún sentido, de tipo capitalistas, en tanto la intención inicial fue que fueran administradas por sus antiguos dueños que recibían altos salarios. Ver: Lenin V. I. «Fragmento de Proyecto de Programa del P.C. (b) de toda Rusia», en «El control obrero y la nacionalización de la Industria». Ed. Progreso, Moscú. 1978. Esta definición que comentamos es consecuente con la deformación que se hizo del pensamiento de Lenin después de que Stalin tomó la dirección del PCUS, y refleja la idea muy arraigada todavía en parte del actual movimiento de izquierda, con respecto a que la realización de una revolución política socialista implica la ejecución inmediata de medidas económicas netamente anticapitalistas.

1 Lenin, V.I. ¿Se sostendrán los bolcheviques en el poder? O.E. en 3 tomos, t.2, p.424.

2 Lenin, V.I. Las tareas inmediatas del poder soviético, O.C. t.36, p.190.

3 Lenin, V.I. Discurso sobre la nacionalización de la banca…14(27) de diciembre de 1917, O.C. t.35, p.183.

Grándola

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