Las procesiones de semana santa

Estas manifestaciones religiosas eran muy utilizadas para luchar contra la peste, celebrándose con ocasión de la que se sufrió en Cádiz y Sevilla las rogativas, ante cuyo fracaso se pidió elevar el Lignum Crucis (La Vera Cruz) en lo alto de la Giralda, para ahuyentar la plaga.

Acaba de finalizar la semana santa de 2021. Uno de sus elementos más característicos son las procesiones, que este año no se han podido celebrar por la pandemia.

Estas manifestaciones religiosas, mediante las cuales se pretende evocar la pasión de Cristo, partiendo de la cruz como eje central de la representación, están ligadas esencialmente al fenómeno de la «Vera Cruz», aquella en la que la tradición indica como la cruz en la que fue crucificado Jesús de Nazaret. Desde el  inicio de sus celebraciones,  trozos de madera que se decían pertenecían a la cruz auténtica en que expiró «el crucificado», procesionaban en diferentes lugares. Las reliquias se traían como bien preciado por parte de los cruzados y  peregrinos de Tierra Santa. Se vendían también en muchos mercados de Bizancio. Todas se decían veras.

Está admitido generalmente por los historiadores que el fraile dominico San Vicente Ferrer, considerado como uno de los antisemitas más nefastos que han existido en España, fue uno de sus grandes impulsores, pues se desplazaba seguido por una gran cantidad de personas que lo acompañaban flagelándose la espalda y el pecho, ya entonces procesionando, como se dice ahora, término recogido en la última edición del Diccionario de la lengua española, que normaliza el fenómeno con un verbo, para darle carácter todavía más general e incluso familiar y  usual,  a la estacional  actividad a que se refiere… por ahora, ya veremos si esto sigue así y los fieles se pasan el día «procesionando».

Este Santo -elevado a los altares por su paisano Calixto III-,  está representado por «las alas» pues se le considera identificado con  los ángeles del apocalipsis, y de hecho anunciaba continuamente en sus discursos la llegada del Anticristo, el fin del mundo, como consecuencia de los pecados sobre todo de tolerancia con la herejía, llamando a continuación a aplicar el que era su lema, bautismo o muerte.

Nuestro Santo varón decía que «los judíos son animales con rabo, y menstrúan como las mujeres», y según el jesuita Gareu, descubrió este Santo que «los judíos tienen entre otros el más oculto y abominable oprobio pues les sale de la cara aquel exangüe olor y amarilla tez… la señal de Caín está puesta sobre ellos».

Se le considera el impulsor intelectual del pogromo de Valencia de 1.391, originado para frenar el castigo divino de la peste, que habría sido enviada por nuestro señor  por permitir  la presencia de la  «raza deicida».

El gran intelectual liberal sevillano Jose M. Blanco White (1775-1841), que fue canónico de la Catedral de Sevilla y acabó huyendo de España a Inglaterra  asfixiado por la presión que le resultaba insoportable del catolicismo español, escribe en sus Cartas sobre España, de 1.822, sus impresiones sobre el Jueves Santo sevillano, señalando que hacía escasamente 40 años que habían desaparecido los flagelantes de sangre, que efectuaban «una repugnante exhibición de gente bañada en su propia sangre», «antes de incorporarse a la procesión se herían la espalda, y ya en ella se azotaban unos a otros». Aludiendo a la del Corpus, en Sevilla, señala que se paseaban las reliquias, entre ellas, la muela de S. Cristóbal, parte de la cabeza de San Laureano, del brazo de San Bartolomé y los huesos de San Florencio, S. Servando y S. Germán.

Estas manifestaciones religiosas eran muy utilizadas para luchar contra la peste, celebrándose con ocasión de la que se sufrió en Cádiz y Sevilla las rogativas  durante nueve días en la catedral, ante cuyo fracaso se pidió elevar el Lignum Crucis (La Vera Cruz) en lo alto de la Giralda, para ahuyentar la plaga.

Indica Blanco en sus Cartas que «ciertamente, no conocerá España el que no tenga idea de las poderosas fuerzas morales que influyen en este país». «La religión, o mejor dicho, la superstición está íntimamente unida a la vida española, tanto pública como privada». «La influencia de la religión en España no conoce límites, y divide a los españoles en dos grupos, los fanáticos y los hipócritas».

Después de San Vicente, el otro momento clave en la expansión de tan inveterada costumbre se encuentra en la Contrarreforma.

Recordemos que precisamente el gran impulsor de la reforma religiosa, Lutero,  partiendo en gran medida del escándalo que le producía el asunto de las reliquias, tantas y tantas veracruces, ligadas a las indulgencias, por las que se cobraba dinero, publica sus famosas 95 tesis sobre ellas, señalando destacadamente que eran objeto de un malvado y deshonesto mercado.

Las procesiones experimentan un gran impulso como consecuencia del Concilio de Trento (1544-1565) y la Contrarreforma, cuya resolución numero 25 sancionó el uso de imágenes para catequizar. Esta fue una de las respuestas que la Iglesia Católica dio a la Reforma Protestante luterana, impulsando a los flagelantes, que se azotaban unos a otros para que  la sangre corriera por sus hábitos, no siendo de menor importancia el que la vanidad se sentía halagada por los aplausos con que el público premiaba a los más sangrantes y una pasión todavía mayor buscaba impresionar a los sectores populares, según sigue explicando Blanco en sus Cartas.

El espectáculo de la exteriorización de la fe era tan dantesco, los flagelamientos tan salvajes, con la presencia de empalados, que precisamente en 1.777 un gobierno ilustrado de Carlos III los prohibió.

Y a día de hoy, en nuestra católica España, tierra de Maria Santísima, casi todos los mecanismos celebratorios se revisten de simbologías e iconografías religiosas, tales como romerías, celebraciones navideñas, bodas, bautizos, comuniones, calendario festivo, y como no, semana santa.

Desde el siglo XVI  se consideraba que  existía una gran pasión «por el figureo», asunto importante para la participación en las mismas de diversos sectores sociales, con gran protagonismo sevillano, como nos enseña por ejemplo lo ocurrido con motivo de la celebración de los funerales de Felipe II, y el espectacular túmulo que se erigió  para durar una semana, con inmenso coste, pero que a consecuencia del figureo permaneció en pie dos meses, por la pugna que surgió sobre quien ostentaba más primacía, si el representante de la Audiencia, el del Cabildo o el del Tribunal de la Inquisición.

El asunto del túmulo dio origen al célebre soneto de Cervantes.

Según indica el diario El Mundo en 15 de agosto de 2015,  «la representación civil en las procesiones religiosas siguió siendo un asunto muy serio en España; en Sevilla cada año se elaboraba una Rueda de Festividades a las que habían de asistir los capitulares de turno, saliendo y entrando de las Casas Capitulares bajo sanción de 30 días de suspensión de oficio y 4 ducados de multa», teniendo que asistir la representación municipal a 24 procesiones en 1.772, figureo que se prolonga durante el siglo XIX», destacando ya en el siglo XX «la del 15 de agosto de 1936… En la festividad, Queipo de Llano y Franco  repusieron la bandera monárquica en uno de los primeros territorios reconquistados», sin olvidar el grave conflicto de 1.983 entre PP y PSOE llamado «la guerra de los chaqués», surgida porque los munícipes del PP asistían con esta vestimenta y los del PSOE con traje oscuro, hasta que el alcalde  Manuel del Valle, del PSOE, impuso el chaqué como obligatorio en el Corpus, El Santo Entierro y la Virgen de los Reyes.

Antes,  los ilustres cofrades Queipo de Llano, el represor Diaz Criado, que junto con el auditor Bohórquez, en palabras del diario Público de 2 de abril de 2.021 compusieron el trío más sádico de la Sevilla del 36, pues habían pasado a descansar en la Macarena, donde continúan enterrados con todos los honores desde entonces.

"El coordinador federal de IU fue varios años hermano del Rescate. Fuente: Sur 14/04/2019
«El coordinador federal de IU fue varios años hermano del Rescate». Fuente: Sur 14/04/2019

Precisamente, algunos asuntos de actualidad están sin duda relacionados con tan ejemplar historia y el gran arraigo de estas manifestaciones, como por ejemplo, la búsqueda por parte de las dirigentes nacionales del PSOE de una alternativa en Andalucía a Susana Díaz, cofrade de la Esperanza de Triana y seguidora del torero fetiche de Vox, Morante de la Puebla, que han tenido que elegir como tal al alcalde sevillano Juan Espadas, que en su fervor ha obviado los cierres perimetrales para visitar diversas cofradías en Málaga, tal como nos indica el periódico El Español,  de 2 de abril de 2.021, y que quizás gracias a estas populares actividades podrá presentar batalla a la anterior lideresa, para enfrentar en su día a Juanma Moreno, quien debe estar encantado ante los rivales que le presenta el PSOE.

Pero no se ha quedado atrás la eximia lideresa de Adelante Andalucía, Teresa Rodríguez, defendiendo (quizás pensando en combatir la pandemia) con vehemente apasionamiento las procesiones, aludiendo a su  historia y tradición, (no sabemos si pensaría en San Vicente, lo que no sería de extrañar, pues tiene acreditados en su proceso de canonización 860 milagros, o en la Contrarreforma), señalando que no solo hay que participar en ellas, sino potenciarlas, pues constituyen la identidad andaluza, causando consternación en los laicos que quedan en nuestra comunidad que por serlo habíamos sido tildados durante 40 años de antiespañoles y ahora lo seremos quizás de antiandaluces, debiendo permanecer en una especie de exilio civil, si no queremos imitar a Blanco White y largarnos a Manchester. Afortunadamente, el también cofrade señor Garzón no defiende opiniones tan extremas.

Cumplida respuesta a los disparates de doña Teresa le ha dado Andalucía Laica, cuya lección de laicismo recomiendo encarecidamente a los lectores.

Mucho antes que la líder de Adelante Andalucía, cuando estas manifestaciones religiosas estaban muy decaídas en los primeros años de la inmodélica transición, los gobiernos progresistas del PSOE y el Canal Sur se encargaron de revitalizarlas.

En fin, esperemos que doña Teresa recapacite y opte por establecer como base de esa identidad andaluza que pregona, en lugar de las procesiones, los laicos carnavales de Cádiz.

Alberto García

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